Como pueblo de Dios, hemos sido llamados a vivir en su presencia y depender de Él en todo tiempo. En medio de las alegrías y los grandes desafíos que enfrenta nuestra nación, nuestro mayor privilegio es acercarnos a Dios con un corazón sincero.
En tiempos de incertidumbre, Dios continúa preservando a Su pueblo, llamándonos a vivir con amor, unidad, compasión y reconciliación. Este mensaje nos recuerda que la verdadera paz comienza cuando volvemos nuestro corazón al Señor.
Colombia enfrenta grandes desafíos, pero la esperanza de una nación no está solamente en los gobiernos, la economía o las circunstancias. La verdadera transformación comienza cuando un pueblo se humilla delante de Dios y clama por Su misericordia.
Cuando Jesús se acercó a Jerusalén, contempló la ciudad y lloró por ella. No fue un llanto de debilidad, sino de amor y compasión, al ver que su pueblo no reconoció el tiempo de la visitación de Dios ni el camino que conducía a la paz.
Dios sigue hablando, pero muchas veces el corazón se endurece y deja de escuchar Su voz. Hoy es tiempo de clamar, de volver el corazón a Dios y de creer que cuando hay arrepentimiento, Él trae sanidad a la nación.